En pleito de marido y mujer nadie se mete. Cada quien que resuelva lo suyo

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Feb 28, 2020 9:27:04 AM

¿Cuántas veces escuchamos estas frases, generalmente, cuando sabemos o escuchamos que una mujer u hombre está siendo abusado por su pareja o expareja, o cuando un miembro de la familia está siendo maltratado de algún modo?

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Observamos estas discusiones como algo externo, un asunto privado en que nadie debe inmiscuirse, ni siquiera la misma familia. Acostumbramos a mirar hacia otro lado, tal vez esperando que se resuelva de algún modo, por supuesto, sin afectar de manera directa, a nadie. Pero sí que nos afecta, mucho más de lo que pensamos. Solo en 2019, más de 570 niños, niñas y adolescentes quedaron huérfanos de uno o más progenitores debido a la violencia intrafamiliar. Otros más, ni siquiera sobrevivieron para contarlo. También durante ese mismo año, en promedio, 30 mujeres sufrían algún tipo de abuso o maltrato por parte de parejas o ex parejas (Molina, 2020). Y estas cifras alarmantes parecen aumentar con el paso del tiempo.

Cómo identificar la violencia intrafamiliar

Para empezar, debemos definir qué es violencia intrafamiliar. La violencia tiene muchas caras y para poder combatirla, tenemos que entenderla para enfrentarla. Según UNICEF, “la violencia intrafamiliar es cualquier acción o conducta, ejercida en el entorno familiar, que cause muerte, daño o sufrimiento, sea este físico, sexual, o psicológico a cualquier otro miembro de la familia (hijos, hijas, madres, abuelos, etc)” (2020). Es decir, que se considera violencia intrafamiliar cualquier tipo de abuso físico (golpes, empujones, jalones, entre otras), psicológico (insultos, menosprecios, faltas de respeto, etc.) y sexual (manoseos, penetración con órgano sexual u objetos, exhibicionismo pornográfico, etc.)  que se cometa dentro del ámbito familiar entre sus miembros. Por ejemplo, un adulto que golpee a otro de los que viven con él o ella, o un miembro que impida que el otro acceda a un servicio básico como salud o alimentación.

Generalmente, esto sucede en contra de aquellos que no representan figuras de poder en el ambiente familiar y que pueden ser sometidos con mas facilidad, dígase niños, niñas, adolescentes, ancianos, enfermos o dependientes. La persona que ejerce la autoridad sobre los demás, suele justificar su conducta a través de discursos basados en creencias culturales o religiosas, manipulación o simplemente usando la fuerza.

Sin embargo, este discurso de ‚ “yo soy él/la que mando, porque yo lo digo, yo te mantengo, soy cabeza del hogar” que se encuentra bien arraigado en el argot cultural de nuestro país, es contrario a la ley. En la ley 24-97 que introduce la modificación al Código Penal, especifica claramente en el artículo 309 párrafo 2 que, “constituye violencia doméstica o intrafamiliar todo patrón de conducta mediante el empleo de fuerza física, o violencia psicológica, verbal, intimidación o persecución, contra uno o varios miembros de la familia o contra cualquier persona que mantenga una relación de convivencia, contra el cónyuge, ex-cónyuge, conviviente o ex-conviviente o pareja consensual, o contra la persona con quien haya procreado un hijo o una hija para causarle daño físico o psicológico a su persona o daño a sus bienes, realizado por el padre, la madre, el tutor, guardián, cónyuge, ex-cónyuge, conviviente, ex-conviviente o pareja consensual o persona bajo cuya autoridad, protección o cuidado se encuentra la familia”.

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Lo que implica, que la familia y cada uno de sus miembros se encuentran amparados de todo tipo de maltrato y los o las que cometan los actos descritos en el Código Procesal de nuestro país tendrán consecuencias penales que tendrán que cumplir. Pero para que esto suceda, todos como sociedad, debemos ser conscientes de nuestro papel como ciudadanos y como entes preventivos de cualquier tipo de flagelo.

Se dice que la prevención es la mejor arma para curar cualquier enfermedad y la violencia intrafamiliar debe ser tratada como una pandemia que nos afecta a todos y todas. Para poder evitarla debemos mirar hacia adentro y analizar que estamos haciendo. Controlar los impulsos, pensar bien antes de hablar, alejarse un momento y respirar cuando se está muy enojado/a, convivir más con la familia, conversar los temas de manera abierta, buscar soluciones no violentas a los problemas, tratar a todos con respeto, brindarse apoyo, involucrarse en las actividades de los hijos e hijas, y principalmente ser amoroso con la familia en general.

Es responsabilidad de todos eliminar la violencia intrafamiliar.

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