Maternidad: un amor más allá del agotamiento extremo

Biamildes Bobadilla
Mar 30, 2021 12:11:29 PM

¿Cuánto puede cambiar tu vida la maternidad? Respuesta: Mucho. Pero, ¿cuánto abarca ese “mucho”? Esa es una respuesta que difiere de una madre a otra, de la realidad que cada mujer vive, de las circunstancias en las que llega ese bebé, de la red de apoyo que tenga cada mujer, de las expectativas, de la edad, de la personalidad. Resumiendo: la maternidad es una realidad individual de cada mujer. 

En esta ocasión me gustaría conversar contigo sobre la carga emocional y física que representa la maternidad, de cómo esa realidad individual de cada mujer tiene elementos tan comunes con otras mujeres que también son madres y que nos pueden ayudar a evitar ser avasalladas por la experiencia más hermosa de nuestra vida y de cómo nosotras podemos realizar acciones que nos pueden ayudar a facilitar la adaptación a este nuevo rol.

Desde que iniciamos el camino a la maternidad (el cual es una prueba de paciencia durante 39 a 42 semanas) vamos acumulando una gran carga emocional y física al ver como nuestro cuerpo aumenta de tamaño al compás de nuestras ilusiones. Comienzan las visitas interminables al consultorio médico, el estirar nuestro presupuesto para comprar todas las cosas necesarias del bebé, al tiempo que cubrimos los gastos del embarazo. Se le suma el escuchar miles de consejos o advertencias (no solicitados la mayoría), ponernos tan sensibles que lloramos hasta al ver un anuncio con un bebé. Seguimos con la ansiedad del día del parto y el impacto emocional de recibir nuestro bebé en brazos. Todo esto se va acumulando en nuestro cuerpo y mente, y en la medida que al regresar a casa comencemos a despejarnos de gran parte de esa carga para asumir la nueva que representa cuidar a la criatura nacida, podremos ser una madre sana, feliz y bien adaptada.

No es un secreto para las madres que al tener nuestro bebé en casa los miedos proliferan (miedo a que el bebé se asfixie mientras duerme, miedo de si le pego muy fuerte para expulsar los gases, miedo de no darle suficiente alimento o demasiado, miedo de si no lo hago bien, etc.). Las horas de sueño se reducen, pues debemos alimentar al bebé varias veces durante la noche, además de que estamos en modo alerta y despertamos hasta cuando el bebé cambia el ritmo de su respiración, estamos muy sensibles emocionalmente y lloramos con facilidad, aún estamos dolidas por el proceso de parto, y si eso no es suficiente, estamos recibiendo demanda adicional (de la pareja, la familia, conocidos, en algunos casos hasta del trabajo a pesar de estar de licencia). No es de extrañar que algunas madres sientan que no pueden más.

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Desde mi perspectiva, podemos agrupar los desafíos a los que nos enfrentamos cuando damos el salto a la maternidad en 3 bloques: 

  • Manejando la culpa: es muy usual que en algún momento como madre te sientas culpable y sientas que le has “fallado” a tu bebé. Por ejemplo, estás tan cansada que sientes la tentación de ignorar que tu bebé está empezando a llorar, quieres tener un espacio solo para ti sin pensar en lo que necesita tu bebé, te sientes cansada de tener que limpiar y lavar sus cosas, quisieras que tu hijo o hija no te demande tanto. Sentir la tentación de ignorar en un momento a tu bebé no es lo mismo que ignorarlo, y como humana que eres, es entendible que a veces quieras tener la opción de evadir tu realidad. Lo importante es nunca dejar que pase de una tentación y buscar soluciones alternas. Debemos entender que esos sentimientos son una señal de alerta de que necesitas apoyarte en otras personas para distribuir la carga que compone el cuidado de tu hijo/a. Ya sea con tu pareja, tu familia o amigas cercanas, debes pedir apoyo con aquellas tareas que puedes delegar. No amas menos a tu bebé porque otros te ayuden a cuidarle. 
  • Manejando tristeza: Siempre que la realidad no está a la altura de nuestras ilusiones (y esto pasa con mucha frecuencia) nos sentimos tristes o desmotivadas. Durante el embarazo o desde antes idealizamos cómo seremos de madre. Lo malo es que en nuestra mente no incluimos elementos tan mundanos como el agotamiento, dolores de espalda, el aumento hormonal que toma el control de nuestras reacciones, el miedo de no saber si lo estamos haciendo bien, esas libras extras que ganamos en el embarazo y no quieren abandonarnos, que nuestra pareja o familia no nos apoyan como esperamos. No, en nuestra mente todo será color de rosa. Es muy sabido que cuando somos madres nos sentimos más sensibles y por ello cuando percibimos que algo (o alguien) nos falla o no responde como esperábamos, nos afecta más de lo que usualmente lo haría. Las madres que se sienten superadas por las circunstancias pueden caer en un sentimiento de tristeza tan profundo que podría convertirse en una enfermedad (depresión). 

  • Manejo del cansancio: Ser madre es uno de los trabajos más arduos que pueda realizar una mujer, y si además le sumamos que de manera simultánea esa misma mujer debe hacer otras muchas cosas, se convierte en un trabajo arduamente agotador. Desafortunadamente para algunas mujeres (especialmente madres primerizas) durante la maternidad se ven sometidas a un estrés intenso por un periodo prolongado de tiempo, lo que provoca un agotamiento no solo físico sino también emocional. Los expertos llaman a esto síndrome de burnout o agotamiento extremo. Podremos saber si estamos presentando el síndrome de burnout si sentimos dolores musculares, dolores de cabeza recurrentes, problemas gastrointestinales, falta de sueño, cansancio, sensación de soledad, distanciamiento afectivo, sensación de frustración, ansiedad, desgano, ganas de llorar, una presión que no deja respirar. Como madres debemos lidiar con las demandas del bebé, de la pareja, del jefe, de la familia y de la sociedad. Aquellas madres que se sienten superadas por esta situación terminan presentado el síndrome de burnout.

En la maternidad, como todo lo que implica conducta humana, no existen fórmulas mágicas que nos funcionen a todas por igual, cada una va descubriendo qué le funciona y qué no. Pero afortunadamente, aunque las soluciones son diferentes, las necesidades son similares y es por ello que comparto algunas recomendaciones con ustedes que pueden ayudar en la adaptación al nuevo rol y hacerlo más amigable:

  • Haz ejercicio: está demostrado que hacer ejercicio físico no solo ayuda el cuerpo, sino que alivia el estrés, el cansancio, despeja la tristeza, nos ayuda a sentirnos más optimistas y mejora la calidad del sueño. Al hacer ejercicio regularmente (preferiblemente acompañada de otras personas) al aire libre, nuestro cuerpo comienza a liberar toxinas y a oxigenarse mejor, además de que va a mejorar la fuerza muscular y aumentará la resistencia, lo que permitirá que te sientas menos cansada. Y si tu peso corporal es todavía uno de sus desafíos, el ejercicio ayuda a superarlo. El ejercicio puede servir como un conector para tu relación de pareja, con tu familia o con amigos, al estar con ellos en un terreno neutral donde podrán conversar de cosas triviales. Así que, inscríbete en clases de baile, corre o camina algunos kilómetros, monta bicicleta, elige lo que se acomode a ti y disfrútalo.

  • Invierte tiempo en algún hobby o pasatiempo: todas tenemos gustos particulares (leer novelas románticas, ir a la iglesia, cocinar, conversar con amigas, etc.) recupera algunas de esas actividades y dedique semanalmente un espacio para realizarla. Los pasatiempos nos ayudan a desarrollar habilidades (como coser, bordar, cocinar) que pueden ser muy útiles en nuestro rol de madres. Pero además de esto, los pasatiempos controlan el estrés, desarrollan la creatividad, ayudan a mejorar la vida social al conocer otras personas que también tienen ese pasatiempo y nos alivian del aburrimiento. Si crees que no tienes tiempo para dedicarlo a algunas de estas actividades, piénsalo como una prescripción médica y siéntete obligada a programar en tu agenda este tiempo cada semana. Créeme, las mujeres felices logran ser mejores madres.

  • Ten una red de apoyo: tener personas que nos escuchan y nos respaldan es como saber que hay una red de protección debajo del trapecista, nos da esa certeza de saber que si resbalamos no caeremos al suelo. cuando somos madres necesitamos más que nunca saber que tenemos personas que nos respaldarán y que no nos dejarán caer. Por ejemplo, tu madre vive a cientos de kilómetros de distancia, pero si un día no tienes dinero para comprarle leche a tu bebé sabes que con solo llamarla te enviará el dinero. O ese día que tienes miedo de dormir sola y llamas a tu amiga, ella vendrá a dormir a tu casa. Necesitas tener la certeza de que tienes personas que te quieren y te apoyan. Ten en tu agenda también nombres y teléfonos de personas a las cuales recurrir en caso de una duda o inquietud, no solo como madre, sino también como mujer. Asiste a charlas y talleres que serán útiles para aprender a desarrollar bien tu rol de madre (tener un bebé no implica tener todos los conocimientos necesarios para cuidarlos correctamente) y, sobre todo, siéntete en libertad de pedir ayuda cuando la necesites.

A veces me gusta comparar la maternidad con escalar una gran montaña (en mi caso metafóricamente, porque la idea de subir una montaña no me atrae lo suficiente), lo primero que hacemos al decidir que vamos a escalar, es buscar compañeros que también quieran vivir la experiencia (con énfasis en quieran), reunimos equipos y provisiones y nos preparamos para el ascenso. Durante la subida tendremos que aguantar calor, hambre, picaduras de insectos, algunos raspones, en algunos casos exigirnos más energía de las que pensamos que teníamos. Puede que hasta nos veamos en riesgo de muerte, pero al llegar a la cima no solo tendremos las mejores vistas imaginables, sino que tendremos un sentimiento de realización que superará todas nuestras expectativas. Y es justamente ese sentimiento de realización lo que nos dará fuerza para llevar a cabo un nuevo plan. 

Con la maternidad es muy similar, cada día (y muchas noches) será agotador, terminarás cansada y te preguntarás si podrás levantarte al día siguiente. Pero si vas acompañada y estás capacitada, tienes los equipos y provisiones, podrás levantarte nuevamente cada día y ser aún mejor madre. Y si en algún momento sientes que no puedes más, abraza a tu bebé, siente su calor, mira su sonrisa y sus ojos y tendrás una fuente inagotable de energía.

La maternidad es la experiencia más hermosa, aunque sin duda, no la más sencilla. Te deseo mucha suerte hacia la meta, confío en poder saludarte cuando lleguemos allá.

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